Si...ud no es capaz de encontrar en el mundo...ahora podrá encontrar el Mundo en Dubai...¡Feliz estancia...un abrazo !
Curioseé algo para encontrar una imagen de ellos, y algunas hablan por sí solas, aunque por supuesto, mis preferidos, son los que, como el de Zaragoza, no son una fachada entre otros dos edificios, sino que son únicos y se mantienen erguidos para admiración de los que pasan junto a ellos, y desesperación de los que supongo viven o trabajan cada día en una obra tan singular.
He reproducido algunas imágenes, por supuesto hay muchos más.
Aún así, el problema de la despoblación sigue creciendo, lo que demuestra que apostar sólo por la agricultura para dinamizar la economía de los pueblos no es suficiente. Entre otras cosas porque es un sector muy mecanizado que absorbe poca mano de obra y, cuando lo hace, se trata generalmente de temporeros de origen extranjero. También porque las nuevas generaciones huyen del sacrificio que significa dedicarse a labrar la tierra y terminan asentándose en las ciudades, dejando un reguero de aldeas con poblaciones envejecidas, al borde de la desaparición.
Asistimos en los últimos años a una revalorización de todo lo que tiene que ver con el campo, las tradiciones y formas de vida ancestrales. El auge del turismo rural lo demuestra. Actualmente hay mucha gente interesada en rehacer sus vidas lejos de las ciudades, ya sea por realizar el sueño de la autosuficiencia, formar una comuna autogestionada o rehabilitar una antigua casa como segunda residencia. Sin embargo, las políticas orientadas a atajar el problema de la despoblación en otras áreas que no sea la agricultura brillan por su ausencia.
Aunque la nueva Ley para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural promete cambiar esta situación, no existe todavía un plan concertado que aúne los esfuerzos de todos los estamentos del Estado para promover el asentamiento de nuevos pobladores en zonas rurales, algo que ayudaría, sin duda, a dinamizar y diversificar la economía de los pueblos.
No es casualidad que, sin importar la tendencia política del gobierno de turno, aparte de las ya mencionadas subvenciones al agro, no se haya hecho prácticamente nada en las últimas décadas por evitar la dramática situación de abandono en que se encuentran muchas comarcas españolas. Hasta tal punto que, cincuenta años después de iniciado el proceso de migración hacia las ciudades, uno empieza a sospechar que tanta desidia ha formado parte de la estrategia de desarrollo. Los sucesivos gobiernos han apostado por un modelo de crecimiento en el que, por aquello de optimizar los recursos y las inversiones, resulta mucho más rentable construir infraestructuras para una población hacinada en grandes urbes que actuar en miles de núcleos desperdigados. Eso, sin contar la ventaja económica que representa para las grandes corporaciones disponer de enormes mercados de mano de obra y consumo más o menos centralizados.
En algunos casos el Estado ha sido un gran impulsor de la despoblación. Baste citar las expropiaciones forzosas llevadas a cabo en los años de 1960 y 1970 para ejecutar masivos planes de reforestación o construcción de pantanos. El lamentable estado de deterioro en que estaban muchos pueblos afectados, años después de realizadas las obras, llevó al Gobierno central a intentar salvar lo que quedaba. Así nació en 1984 el Programa Experimental de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados, con el objetivo de rehabilitar tres (sólo tres) núcleos abandonados seleccionados por sus características arquitectónicas. La solución planteada fue convertirlos en una especie de museos etnográficos al aire libre, para acercar a nuestros pequeños urbanitas a la "vida rural", en un entorno que se parece más al de un parque temático que al de un pueblo de verdad.
Hoy, en plena campaña electoral, vemos a los candidatos de los dos partidos mayoritarios enzarzados en una guerra de cifras por ver cuál de los dos plantará más millones de árboles durante su mandato. Lo que no nos dicen es el número de pueblos que van a borrar del mapa para conseguirlo.
Así las cosas, se hace muy difícil creer que exista realmente voluntad política de remediar el problema. Veremos qué ocurre en los próximos años con la nueva Ley para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural.
La Expo va siendo una realidad...paso a paso, el azud terminado, el pabellón puente ensamblado, el Edificio del agua ya con estructura. Esta foto de la asociación deportiva RIVAS, es de lo mejor que he visto últimamente, en especial con esa perspectiva de gran visibilidad, que parece que nuestro Moncayo esté más cerca...
España cuenta con una población de siete millones de personas mayores de 65 años. Según las previsiones del Instituto Nacional de Estadística (INE), esta cifra aumentará un millón más cuando se llegue a 2010. Por otro lado, las plazas con las que se cuenta actualmente en las 4.814 residencias para la tercera edad existentes son 269.110. Se estima que este número se incrementará en 66.500 plazas nuevas hasta 2010. Por otro lado, cada vez son más los extranjeros mayores de edad que deciden disfrutar de servicios geriátricos en nuestro país.
Con estas cifras en la mano, las grandes inmobiliarias han empezado a mirar a este sector como un frente de negocio verdaderamente prometedor. De hecho, algunas de las más importantes ya han comenzado a desarrollar una potente política de alianzas con otro tipo de compañías interesadas en hacer del negocio inmobiliario geriátrico una fuente de ingresos efectiva.
El momento de retirarse
La pirámide de población española cuenta con un grueso número de personas mayores en su cúspide. Las mejoras en calidad de vida de los ancianos españoles han disparado también su esperanza de vida; tanto es así, que el INE prevé un crecimiento de este sector de la población en un 1,2% anual hasta 2010.
A medida que se va acercando la hora de la jubilación, comienzan también a presentarse las dudas acerca la situación inmobiliaria de la que se disfruta. Una de las mayores preocupaciones de los ancianos es el hecho de tener que depender de terceras personas, además de ser considerados un obstáculo dentro de la casa familiar.
Cada vez más, las personas mayores consideran las alternativas públicas y privadas como una buena elección. La oferta que se dedica a este sector de población sigue aumentado en servicios debido a que los ancianos necesitan cuidados especiales. En este sentido, el optar por alguna de estas modalidades residenciales lleva implícito un deseo de recibir algo más que un simple lugar para vivir: los ancianos exigen calidad y esto se traduce en asistencia médica, centros comerciales, restauración y ocio.
Formas de financiación
La encuesta realizada para conocer las motivaciones del público objetivo de estos desarrollos inmobiliarios puesta en macha por Sanyres, vinculado en este negocio con Bancaja, se pronuncia acerca de la financiación de estos centros por parte de sus usuarios.
Según dicha encuesta, el 80% de los mayores de 45 años pagaría hasta 900 euros por una plaza; el 11%, hasta 1.200 euros, y el 9%, hasta 1.500 euros. Además, el 30% de los españoles mayores de 55 años está de acuerdo en irse a vivir en una residencia de calidad a partir de los 65 años.
El coste de estos servicios es alto, pero ya se están dibujando las líneas para que el poder adquisitivo de los jubilados no sea un impedimento para lograr la calidad de vida que se merecen. El plan de pensiones es uno de los métodos futuros de pago que consideran positivamente los expertos.
Igualmente, uno de los métodos de financiación que más empuje está teniendo en estos momentos es la fórmula denominada 'licuación del patrimonio', en la que el usuario de uno de estos centros, paga con su actual casa la cuantía total de los años en los que permanezca en la residencia.
Un estudio revelador
La importancia de esta oportunidad de negocio no pasó desapercibida en la reciente celebración del Salón Inmobiliario de Madrid, donde el Instituto Edad & Vida presentó el primer ‘Informe sobre Productos y Servicios Residenciales’ dentro del I Foro de Soluciones Residenciales para Mayores.
El encargado de presentar este estudio, David Elvira, señaló los factores que se han tenido en cuenta para su elaboración: datos demográficos, el estado de salud, la dependencia, las condiciones de vida, el impacto cultural y el grupo social de referencia. Las principales estimaciones que ha arrojado el informe son:
- El 73,3% de la muestra que ha sido encuestada admite que no cambiaría de vivienda en un futuro. Esta negativa es casi inapelable con las personas que superan los 80 años, que preferirían continuar en su domicilio pero contratando un servicio de tele-asistencia.
- El 36% admite la posibilidad de cambiar su punto de vista en el caso de que tuviera que depender. Un 31,7% optaría por una residencia en el sentido funcional y un 30,3% por un sentido estricto. Los encuestados están satisfechos con su situación actual y no creen tener el suficiente poder adquisitivo para cambiar de vivienda.
- La salud juega un papel esencial puesto que si ésta va a peor, muchos se irían a vivir a casa de un familiar.
- De cara a una nueva forma de vida en otra vivienda, el 29% de los entrevistados admitieron que lo más importante son las comodidades, el 17% se decantó por los aspectos estéticos y un 10% declaró que el tamaño les decidiría positivamente.
- El barrio ideal de los encuestados depende en gran medida de los servicios (25%), la ubicación (21%) y la tranquilidad (19%). Sobre los servicios, el 94% concede una amplia relevancia al transporte, los hospitales, los bancos, etc, mientras que el 6% se refirió a la existencia de comercios.
- El sueldo y la pensión constituyen la fuente de ingresos de los mayores de 55 años. El 60% de los mismos sitúa sus ingresos en el margen de los 300-1.200 euros. El ahorro es una meta difícil de alcanzar para el 58% de los encuestados, que se queja de lo poco que perciben.
- Los mayores no perciben la vivienda como un factor determinante: es la salud, con un 80%, la que se sitúa en el primer puesto de las preocupaciones, quedando en segundo lugar, con un 20%, la familia.
Especialización de la oferta
La oferta está tomando en cuenta todas estas necesidades para crear auténticas "ciudades para mayores". Además de las tradicionales residencias permanentes de ancianos, se han puesto en marcha viviendas tuteladas, centros de día, complejos turísticos especializados y centros geriátricos. La clave para cumplir la demanda futura de plazas pasa, fundamentalmente, por una especialización del sector.
A este respecto, se ha pronunciado Sanyres, una de las empresas líderes del sector residencial, admitiendo que lo que se busca es ofrecer "auténticas viviendas de personas mayores que garanticen los servicios, la intimidad, las actividades de ocio y la atención de los residentes con el fin de que éstos alcancen un grado de satisfacción mayor que en su actual casa". Sanyres apunta a los nuevos modelos constructivos que se están implantando y a los novedosos sistemas de gestión: "se ha pasado de los meros asilos a complejos residenciales con todo tipo de servicios".
La atención médica es uno de los aspectos con mayor peso en la elección de una residencia. Un estudio de Vitania, firma especializada en centros para la tercera edad, admite la asistencia como requisito indispensable del que deben disponer las residencias. La explicación de Vitania está en la delicada salud de los ancianos: un 23,1% de los mayores de 65 a 75 años y un 44,2% de los de más de 75 está afectado por alguna discapacidad.
Un filón por explotar
El envejecimiento de la población lleva en el punto de mira de algunas compañías mucho tiempo. Ejemplo de ello es el progresivo cambio que se está produciendo en la gestión de los centros. Según el censo que elabora la Federación Nacional de Centros y Servicios de Mayores, casi la mitad de las 269.110 plazas actuales son privadas. Esta organización afirma que el 57,3% de las plazas y el 66,8% de las residencias están en manos privados, mientras que el sector público maneja el 19,6% de las plazas y el 14,5% de los centros.
Una de las demandas más urgentes es el establecimiento de una normativa única que regule la situación en todo el territorio nacional puesto que, hoy en día, se trata de una competencia que cada Comunidad Autónoma gestiona de forma diferente. Por otra parte, la oferta presenta una notable atomización según Vitania. Las siete empresas más importantes del sector residencial geriátrico son Quavitae, Eulen, Grupo Sar, Ballesol, Sanyres, Metroces y Gers -Grupo Sanitas, pero la cuota de mercado que gestionan estas compañías es del 5,6%.
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